Acabo de regresar del teatro La Memoria
donde vi la puesta en escena de El Vicio Absurdo.
Una experiencia extraordinaria. Claudia
di Girolamo resplandece en su actuación.
El paso de su ser actriz a Virginia Woolf,
su moverse de una escena a otra, ir de la dulzura a la desesperación, de la
cotidianeidad al ensueño. Verla modular su cara y su cuerpo, cambiar al
trasladarse de un lado al otro del escenario.
Darle sentido al texto. Ese vicio
absurdo del que se quejaba Virginia Woolf que la hacía escribir sin parar, desangrarse
en cada palabra. Están presentes las libretas y los papeles como testigos del vicio reconocido.
| Claudia di Girolamo |
Claudia reluce cuando sonríe y se estruja cuando las palabras la agobian. Se encoje y se mete para adentro, y nos transmite su angustia. Se abre y brilla cuando el texto de Virginia la hace deambular por el bosque.
| Claudia di Girolamo |
Acompañada por las imágenes y los objetos
no está sola en el escenario.
Su monólogo amplificado y repetido nos la hace ver como muchas personas en una.
| Claudia di Girolamo |
Y de repente… vi y escuché en sus
movimientos y sus palabras a Rodrigo Pérez, el director de esta puesta. Fue
mágico: Rodrigo estaba en la escena. Reconocí en Claudia el acompañamiento y el sostén de una acertada dirección que
potencia su propio estilo, su genio.
| Rodrigo Pérez |
Reestrenar después de 33 años con la
misma actriz Claudia di Girolamo, el mismo escritor Roberto Baeza y el mismo director Rodrigo
Pérez, es todo un reto, pero el resultado fue todo un éxito.
| Claudia di Girolamo |
Un teatro lleno reconforta. Nos hace confirmar que el arte vive. Un público que aplaude de pie es el que revalida al arte como símbolo de humanidad.


















